¿Es más atractivo «hecho por humanos» que «hecho por IA»?


A mitad de camino de un podcast, un comercial de alta energía anuncia todas las ventajas de usar un sistema de aprendizaje particular para idiomas. Son familiares: Babbel puede hacerte conversar en solo tres semanas, te enseña frases que realmente usarás en el mundo real, las lecciones están diseñadas para ayudarte a recordar.

Luego, un punto de venta menos familiar:

«Otras aplicaciones de aprendizaje usan IA para sus planes de lecciones, las lecciones de Babbel fueron creadas por más de 100 expertos en idiomas».

El sitio web de la revista de la empresa explica además:

“Las lecciones de Babbel no son el resultado de un algoritmo o programa de computadora; están diseñados por humanos reales. El Equipo de Didáctica de Babbel, formado por más de 100 lingüistas y expertos en idiomas, dedica mucho tiempo y cuidado a crear lecciones que realmente funcionen para usted.«

REVISTA BABBEL

Este encuadre de la participación humana como una especie de estándar de calidad no es nuevo, en este caso, el artículo en línea se publicó en 2017, pero se está volviendo cada vez más frecuente.

Un barrido rápido revela esto inicio de contratación que promueve en gran medida el hecho de que no utiliza IA para hacer predicciones. Esta comunidad de terapeutas promete que no utilizará algoritmos para relacionar clientes con profesionales. Esta red social utiliza su rechazo de algoritmos y anuncios como su PVU.

Además, hay demasiados sitios web de citas, servicios de suscripción, ventas de anuncios, gerentes financieros y agencias de personal que declaran abiertamente en sus sitios web que no utilizan inteligencia artificial o algoritmos para hacer su trabajo. El mensaje es muy claro. Estas empresas quieren enfatizar que no traspasan la parte más ingeniosa de su negocio a sistemas irreflexivos. Emplean a expertos para que consideren cuidadosamente la tarea en cuestión basándose en su experiencia y, quizás, en su intuición.

“Hecho por humanos” denota un producto de calidad.

En un mundo lleno de vendedores de inteligencia artificial con dientes brillantes que venden sus productos en conferencias (virtuales), gritan que los datos son «el nuevo petróleo» y ofrecen abrir las puertas mágicas para las empresas que buscan salir de un pozo pandémico, esta desarrollo interesante. Hay espacio en este mundo, quizás amplio espacio, para los viejos humanos artesanales y su conocimiento semántico.

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